La historia no contada de Greeicy y La Poción

No entendía nada del mundo de los influencers, de los artistas, de los contratos. Yo solo pensaba: si ella prueba esto, lo va amar.

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Por Angie, cofundadora de La Poción

Todo esto de Greeicy viene desde hace mucho tiempo. Literalmente desde que empecé La Poción. Desde el primer momento empecé a soñar. Siempre me pareció una mujer hermosa, cercana, y de alguna forma sentía una conexión, aunque ella no supiera que yo existía.

Desde los inicios de La Poción ya estaba en mi cabeza, pero el primer contacto real fue en mayo de 2018. Había un concierto en Cali de música popular y quienes abrían el show eran Greeicy y Mike Bahía. En ese momento La Poción apenas tenía dos productos: el shampoo de reparación y el tratamiento acondicionador de reparación.

Yo, con la ignorancia más honesta del mundo, pensaba que así funcionaba todo: uno llevaba el producto, la gente lo probaba y ya. No entendía nada del mundo de los influencers, de los artistas, de los contratos. Yo solo pensaba: si ella prueba esto, lo va amar.

Así que me obsesioné con una idea: regalarle un kit de La Poción a Greeicy. Compré boletas para el concierto, pero mi verdadero objetivo era meterme al camerino. Obviamente no pude. Pero un amigo mío, Manuel, que es locutor, estaba presentando el evento. Le rogué que me ayudara: que le entregara el kit y que si podía le tomara una foto. Le pasé el kit, entré al concierto y me quedé ahí, viéndolo todo con el corazón acelerado, pensando si lo habría logrado o no. Al rato, en medio del concierto, Manuel me buscó y me mostró una foto. Había logrado entregarle el kit. Yo no cabía de la felicidad.

No sé si ella usó los productos, no tengo idea. Pero en mi cabeza quedó algo muy importante: por lo menos, ella ya había escuchado la palabra Poción. Sabía que existía una marca capilar con ese nombre. Para mí, eso ya era sembrar algo. Desde ahí, Greeicy se quedó como una figura soñada para la marca. Siempre estaba ahí, en mi cabeza.

El segundo intento: hacerlo “en serio”

Hace más o menos dos años, estaba hablando con un amigo que trabaja en una agencia de Bogotá. Estábamos cerrando unas contrataciones con influenciadoras y, en medio de la conversación, él me dijo:
“Angie, el perfil que tu quieras, yo te lo consigo”.

Yo, medio en chiste, medio en serio, le dije:
“Entonces consígame a Greeicy y (la otra la deja en reserva del sumario por que puede que la consigamos)”

Pasaron como tres meses y volvió con noticias. Cuando traje esa información al equipo (a Hector y a Jaime). Nos dimos cuenta de que, en teoría, podríamos hacerlo. Por un momento pensamos: contratemos a las dos.

Pero decidimos ir una a la vez, empezamos un acercamiento que fue lento. Cada conversación pasaba por varias personas, por equipos, por renovaciones de contrato. Además, había otra marca capilar fuerte sobre la mesa. Todo avanzaba despacio. Yo solo pensaba: ojalá Dios.

El video que no se envió

En algún punto dijimos: ¿cómo hacemos para que Greeicy nos mire de verdad?
Y surgió una idea: hacer un video solo para ella. No para redes, no para pauta. Solo para que ella lo viera y se enamorara de la marca.

Ese video lo hicimos en octubre de 2024. En él contábamos quiénes éramos, qué hacíamos, y lo más lindo fue el guión: estaba construido con letras de canciones de ella. Íbamos contando nuestros logros mientras entrelazábamos frases de su música, para que ella se sintiera reflejada.

Mostramos el video internamente y no gustó de inmediato a la junta directiva, porque estaba muy romántico, como muy personal y ellos querían algo más profesional. El video no se envio.

Miami, Cosmoprof y la señal

Viajamos a Miami porque íbamos a la feria de Cosmoprof: Jaime, Andrés del equipo comercial, Camila, Martín, Héctor y yo. Llegamos como al mediodía, muertos del hambre. Alquilamos una van, metimos todas las maletas y fuimos a almorzar a un centro comercial.

Entramos a un restaurante sencillo, de comida tex-mex. Cuando me iba a sentar, dando la espalda a una mesa, Camila me dijo:
“Mamá ¡no me vas a creer!… Greeicy está atrás tuyo”.

Yo no lo podía creer. Me senté y empecé a temblar. Pensaba: esto es una señal. Todo el mundo me decía que no fuera, que qué pena. Pero yo me paré de esa silla y fui.

Me acerqué tranquila, me agaché un poquito y le dije:
—Hola, mucho gusto, yo soy Angie, de La Poción.

Ella me miró y me dijo:
—Ah, ¿entonces eres una marca caleña?

Le conté muy rápido quiénes éramos. Todo duró menos de un minuto. Nos tomamos una foto porque sentía que nadie me iba a creer. Volví a sentarme y me quebré. Me puse a llorar.

¿Qué probabilidades había de encontrarnos ahí?
En Miami.
Ninguna.

Siempre digo que eso fue Diosito.

La caja, la casa y la primera señal

Al otro día fui a llevar los productos. La dirección que me habían dado era su casa. Me recibió su mamá, salieron unos perritos y dejamos la caja.

En febrero, durante una convención de distribuidores, alguien del equipo vio una historia en redes. Era Greeicy bailando. Y se veía Tongolé. No había dicho nada, pero los estaba usando.

Después vino el silencio.

El sí

Un día, sin pedir permiso, dejándome guiar por mi intuición, tomé el video que nunca se había enviado y se lo mandé a mi amigo el de la agencia. Él lo vio y dijo que había que mandarlo ya.

Antes de cerrar cualquier contrato, pedí una reunión. Necesitaba verla, hablar con ella. En esa reunión, Greeicy me dijo algo que nunca voy a olvidar:
“Yo tengo mala memoria, pero de ti sí me acuerdo. Me acuerdo perfecto de ese día en Miami. Tu energía”.

Vimos el video juntas. Al final decía:
¿Quieres ser parte de nuestro mundo?

Hubo silencio.
Y ella dijo:
“Sí, acepto”.

Cuando la idea se volvió realidad

Después de todo eso, vino algo que, honestamente, nunca habíamos visto en esta industria.

El contrato no se firmó con la artista.
Se firmó con el cabello de Greeicy.

Así, literal.
Algo completamente inaudito en el mundo del cuidado capilar. No contratamos una imagen, no contratamos un rostro: contratamos lo que ella cuida todos los días, lo que la acompaña en cada etapa, lo que también ha vivido su historia.

Y a partir de ahí, todo se volvió enorme.

El andamiaje de la producción fue gigante. Para un solo comercial, Cali entera se movió.

La industria audiovisual de la ciudad se activó por completo. Desde la conceptualización de la campaña, hasta la ejecución final, hubo más de 100 mentes creativas involucradas: directores, creativos, técnicos, productores, estilistas, fotógrafos y realizadores, más todo el equipo interno de marketing, nuestros chicos de La Poción.

Esta no es solo una campaña grabada en Cali.
Es una campaña construida desde Cali, desde sus cimientos, con talento local, con oficio local, con orgullo local.

Y todo eso sostiene el gran mensaje de la campaña:
Tu pelo es como tú.

Una frase simple, pero poderosa. Porque habla de identidad. De asumir quién eres con orgullo, que lo que vives lo vive tu pelo y lo que sientes también. De entender que cuidarte —y cuidar tu pelo— no es superficial, es un acto profundo de reconocimiento.

Eso es lo que hay detrás de esta colaboración.
Eso es lo que no se ve en un comercial de 30 segundos.
Y eso es lo que, para nosotros, hace que todo haya valido la pena.

Con cariño, Angie.